El Perú tiene uno de los índices más bajos de lectura
en Latinoamárica. No existe aquí ninguna empresa editora de renombre
internacional; existen contadas bibliotecas escuálidas y casi todas
ellas están desactualizadas por limitaciones de presupuesto. El número
de librerías es diez veces menor que el de salas de juego o casinos.
En general, en nuestro país no se lee. Por eso, el nivel cultural de
nuestra población es muy bajo. Inclusive entre los profesionales graduados
en nuestras mejores universidades encontramos generalmente un total
desinterés por la lectura. Una de las falacias que se esgrimen para
justificar la no lectura es el alto precio de los libros. Eso ha llevado
a que en la mayoría de colegios y escuelas no se obligue a los alumnos
a adquirir libros de texto o de consulta. Los directores de algunos
colegios han optado por adquirir una fotocopiadora y vender a los alumnos
fotocopias de algunas páginas de libros. Además de constituir esto un
robo descarado y a plena luz de la propiedad intelectual de alguien,
contribuye a crear la "cultura de la fotocopia," la cual es una característica
nacional, es decir, la cultura del pequeño conocimiento parcial.
El encanto que ejerce la televisión es otra de las causas
de la poca lectura, aquí y en todas partes. Pero en nuestro país, la
falta de tradición continúa teniendo gran influencia, pues los padres
o abuelos de mús del 60% de nuestra población actual no sabía leer castellano
y por lo tanto en sus casas no había periódicos, revistas ni libros,
pues no se publicaba nada en quechua ni en aymara. Actualmente, para
muchos adultos el libro es un objeto que sólo se usa en los salones
de clase. No debería admirar que la mayoría de peruanos no adquieran
ni un solo libro al año. Obviamente, esta es una desventaja a nivel
de país. Mientras no se rompa la inercia y se desarrolle una voluntad
nacional de progreso y el deseo general de adquirir mayores conocimientos,
serán sólo muy pocos los peruanos afortunados de ser considerados personas
cultas.